Empezamos, primero de mayo.

Hoy es primero de mayo y se celebra el Día Internacional de los Trabajadores, así que me parece muy pertinente empezar a escribir este blog en una jornada como la de hoy. A priori puede parecer que este artículo estará lleno de alegatos reivindicativos y de profunda carga política y social, pero nada más lejos de mis intenciones. De momento entiendo como más urgente presentarme y darme a conocer, que nunca está de más y es de muy buena educación. Además, en internet puede pasar de todo, incluso que hayas acabado leyendo este blog sin intención de hacerlo y sin tener ni idea de quién soy.

Me llamo Pedro, y a veces firmo como Pedro Lagarta y otras como Pedro Martínez, lo que no es fácil de distinguir para nadie. Tampoco es que tenga mucha importancia, lo que pasa es que he hecho muchas cosas y en ambientes muy diversos. Hay quien utiliza distintos tipos de ropa para cambiar de registro y a mí me ha dado por cambiarme de nombre todo el rato, lo que a la larga ha generado una enorme desorientación para el que ha seguido una u otra de mis facetas. Así que ha llegado el momento de poner orden en este asunto y de trascender.

Cuando fantaseo sobre mí mismo como un hombre de teatro, (por muy marginal, disfuncional y dispersa que sea mi trayectoria) me preocupan mucho las dificultades que los investigadores tendrán para desarrollar cualquier estudio sobre mi obra y sobre mi figura. Y es que darle forma a mi carrera supone seguir un montón de pistas falsas que se desarrollan en sitios muy diversos geográfica y estilísticamente. Sin embargo, existe un hilo argumental que viene desde el pasado y se proyecta hacia el futuro, y mi labor en el presente es hacerlo visible y de fácil consulta para todas. Es una empatía irracional con la investigación del futuro lo que me ha llevado a escribir este blog y dar salida a la web de Casa Lagarta.

Dicho esto, ha llegado el momento de hablar sobre Mí Mismo, que es algo que no me cuesta ningún trabajo, siempre que sea yo el que regula el flujo de información, y además me parece muy buena idea porque, parafraseando a PATTY DIPHUSA, «lo considero un tema no sólo actual sino también bastante original, pues hasta ahora a nadie se le había ocurrido hablar sobre MÍ». (1) Pues bien, a MÍ nunca me ha costado admitir que me dedico al Teatro y trabajo en él y para él. Y ahora es cuando conecto el primero de mayo con mi discurso, que yo soy mucho de conectar ideas y conceptos, lo que me ha procurado una especie de fama de intelectual entre las cuatro gatas que me siguen incondicionalmente. Pues bien, voy a contar algo muy personal y vincularlo conceptualmente con el título de este post, que esa es mi especialidad…

Hace tiempo que decidí quitarle al teatro la responsabilidad de costearme la vida. Entendí que si quería disfrutar del milagro que supone una experiencia teatral libre y plena debía sobrevivir haciendo otras cosas, algunas radicalmente alejadas de lo que se considera ARTE. Y es que, aunque me gusta el teatro, también me gusta comer, pagar el piso, viajar y comprarme cosas bonitas y generalmente caras. Nunca he sentido morbo por vivir en la miseria ni tengo un alma que se sienta cómoda con la caridad de los demás. Eso sí, si hay que ser bohemio uno se entrega de la manera más natural posible, pero no siento especial inclinación hacia la pobreza. Por eso le dije al Teatro que no tenía la obligación de mantenerme, tal y como le he dicho a todas las Personas de las que me he enamorado. Así que no vivo del teatro, ni del cuento. Vivo de distintos trabajos precarios que cotizan a la Seguridad Social, que pagan impuestos y que me dejan poco tiempo para ser artista. Pero YO me siento y, por lo tanto, SOY un hombre de Teatro. Digamos que soy muy TRANS para este tema.

En tiempos de precisión lingüística como los que corren, alguna podría ponerse técnica y redicha y decir que Hacer Teatro de forma profesional implicaría ganar dinero y vivir de ello, porque si no dicha «actividad teatral» dejaría de ser un trabajo y se consideraría como un simple hobby. Y supongo que hay gente que considera al teatro un hobby y no tiene que calentarse la cabeza con estas cosas. No es mi caso, ni el de muchas más. Estoy convencido de que los límites entre la afición y la profesión se diluyen más que nunca en nuestro gremio y esto es un TEMA. Y también un DRAMA. Y no lo digo yo que soy un adicto al trajín, lo dicen las estadísticas que de forma contundente afirman que la mayoría de los artistas trabajamos en negro, en condiciones laborales pésimas, sin garantías de nada, y sin derecho a nada. Hoy, más que nunca, muchas titiriteras no tienen NADA. En este sentido lo que nos diferencia de las prostitutas a nivel laboral es que hemos adquirido una mejor consideración social que nos hace honorables y respetados por los demás, y ya si tenemos estudios ni te cuento… De todas formas, considerarnos PUTAS nunca nos ha parecido ni tan mal, no tenemos ese tipo de prejuicios morales. Tenemos otros defectos… Lo más duro y lo peor visto entre nosotros es que siendo artista y sabiéndote artista –y sabiendo los demás que lo eres–, te ganes la vida con un trabajo proletario, habitualmente relacionado con el «sector servicios». Es un drama parecido al de los bisexuales… Nadie perdona que estés en misa y repicando. Y es que, como en nuestro gremio, además de artistas somos competitivos, vanidosos y un poco arpías, solemos tener muy poca empatía con los que no se dedican al ARTE en cuerpo y alma las 24. Aquí la manera de pensar U.S.A.  ha hecho mucho daño, porque hemos filtrado la consideración del loser, del perdedor, y nos la echamos en cara dejando de seguirnos en Instagram, o no siguiéndonos nunca, o lo que es mucho peor: Nos seguimos pero jamás nos damos un like. ¡PERVERSIÓN MÁXIMA! Seguimos alimentando consciente o inconscientemente, o simplemente porque nos conviene, que en nuestro oficio sigue imperando la ley del más fuerte, del más artista, y el que no gana es que no tiene cualidades, no sirve. Todo se reduce a ganar o perder, PERO nadie cuenta cómo llegar de forma realista al tejido profesional de lo nuestro. Y así vamos manteniendo el aura y los followers, que lo del público es cosa del pasado. Yo solo sé que, llegado a este punto, puedo ponerme temeraria y sensacionalista y afirmar que para poder «perder» es necesario tener posibilidades de «ganar», y nuestro sistema cultural tiene mucho de círculo vicioso bastante cerrado donde no todo el mundo tiene acceso al verdadero «juego». Así que, como no hay mal que por bien no venga, ganarse la vida con «otras cosas» también te evita caer en las garras de las relaciones clientelares que se dan en el medio, te ahorra seguir detrás de gente que te ofrece algunas migajas a cambio de tu TODO, y –lo más importante– sigues en contacto con la vida real y dejas de obsesionarte sólo con que algún poderoso termine dándote trabajo. Eso sí, los días se te quedan cortos y pierdes frescura y capacidad para la vida social…

Nunca he sido muy de dobleces en mi día a día, me resulta completamente agotador, aunque sé que a poco que me esfuerce podría llevar una doble, e incluso, una triple vida, pero siempre me ha faltado habilidad para tener marido y amante, así que hago convivir mis formas de ganarme la vida en armonía e intento sacar lo mejor de todos los mundos en los que habito, que en una ciudad como Madrid es posible habitar más de un territorio. Y si hace falta se va uno a Cuenca una vez por semana para rizar el rizo, y lo riza.

Continuará.

(1) Patty Dhiphusa y otros textos, Pedro Almodóvar. Anagrama, 1991.

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