MAYO 2024

Al final de Un tranvía llamado deseo, Blanche Dubois nos explica que siempre ha confiado en la bondad de los desconocidos, y yo le doy la razón. Blanche es lista y sabe que si alguien puede ser bondadoso contigo es, precisamente, porque no te conoce. Con el conocimiento llegan las peculiaridades, las manías, los reproches y los cargos. Es mucho mejor no conocerse que conocerse, y Blanche lo sabe muy bien, y las aplicaciones de citas también. Para empezar el año nuevo, y no es un anacronismo, es que hace unas semanas ha sido mi cumpleaños, he visto dos series que tratan de forma muy diferente el cómo los desconocidos pueden irrumpir en tu vida para cambiarla radicalmente: Mary and George (Sky Showtime) y Mi reno de peluche (Netflix).

George (Nicholas Galitzine) y Martha (Jessica Gunning) son dos desconocidos para Jacobo (Tony Curran) y Dobby (Richard Gadd), personajes sobre los que gravitan las tramas de las dos historias. George, el que luego sería el primer duque de Buckingham, llega a la vida de Jacobo I a través del don de la belleza, y Martha a través del don de la fealdad. En el siglo XXI tanto la belleza como la fealdad son dones de la naturaleza.

La belleza genera deseo y la fealdad produce compasión, y son dos fuerzas que nos atraen tanto que estamos dispuestos a desbaratar nuestras vidas por entregarnos a ellas. Dobby siente una profunda compasión por Martha y la primera vez que se cruza con ella acaba invitándola a un té, y ese gesto lo cambia todo. Jacobo siente un inesperado deseo por George y la primera vez que se cruza con él le perdona las extremidades (es decir, lo indulta de que le corten las manos por agredir a una persona en su presencia) lo que evidencia para todo el mundo que su belleza ha hecho efecto sobre Jacobo.

Las dos series comparten, además de un origen y un desarrolla dramático en Inglaterra, la cualidad de estar basadas en hechos reales, o por lo menos en personajes que han existido en la realidad. La capacidad de sus creadores para jugar con los límites de la propia realidad en beneficio del artefacto televisivo forma parte de su atractivo y contiene la semilla morbosa de saber hasta qué punto las cosas fueron así, aunque dudo mucho que después de ver Mary and George alguien pueda imaginar otra realidad que no sea la descrita en la ficción, y ya nos dará igual todo lo demás. Es decir, ahora nos interesa que las cosas fueran así. Si hace un tiempo era inconcebible imaginarnos a determinados personajes históricos en determinadas circunstancias ahora es muy interesante someterlos a todos nuestros anhelos y representarlos haciendo posibles nuestras aspiraciones contemporáneas. Desde los griegos clásicos hasta Stonewall, el sexo explícito entre hombres parecía no haber existido y ahora resulta que era el pan nuestro de cada día, estaba cero problematizado y se afrontaba con más alegría, con menos trauma y, por supuesto, sin psicólogos.

Empecé George and Mary porque la protagonizaba Julianne Moore, que es una actriz que me encanta y que descubrí en Short Cuts de Robert Altman. Desde entonces la sigo. Su personaje, Mary, representa muchas cosas, pero bien podría ser la madre que debería tener cualquiera que se quiera dedicar a las Artes Escénicas en Madrid. En la fiesta de mi cumpleaños hay mucha gente intentando pertenecer precisamente a ese mundo y Fulana le pregunta a Mengana: “Tú ¿cómo ves las cosas?” y Mengana contestaba: “No sé, corruptas”. Pues bien, para guiarnos en ese mundo de lo que mi amiga llama “corrupción” existe un nuevo modelo a seguir que es Mary, la madre que todo artista cargado de talento y belleza necesita como guía. Por cierto, Julianne Moore ha estado por Madrid trabajando a las órdenes de Pedro Almodóvar en lo que será su nueva película. Es una tensión maravillosa saber que en tu misma ciudad hay gente increíble con la que puedes cruzarte en cualquier momento, y verla comportarse como al común de los mortales. Sin embargo, por lo que sabemos, Julianne ya ha vuelto a Nueva York.

El año pasado, por mi cumple, S.P. me regaló “El último sueño”, una colección de relatos publicados por Pedro Almodóvar. El que da título al libro aborda con mucha claridad la relación cómplice y necesaria entre realidad y ficción. He tardado un año en empezar a leerlo y tengo mis razones, aunque supongo que la más importante ha sido esperar al momento adecuado para disfrutarlo en condiciones, aunque tengo que quitarme ese vicio y ser más espontáneo con mis impulsos, porque cualquier momento es bueno para ocuparnos de lo que nos gusta. Volviendo al libro, me leo un relato al día para que no se me gaste, para que me dure lo máximo posible, para que me haga un efecto de liberación lenta y el placer se prolongue. Como caído del cielo aparece en la prensa una especie de “bonus” que complementa al libro. Se trata de una columna publicada en prensa por el propio Almodóvar en respuesta al anuncio de Pedro Sánchez de retirarse a reflexionar durante 5 días sobre su continuidad al frente del gobierno. Almodóvar expone a flor de piel sus emociones al enterarse de la noticia, y yo tiendo a respetar las emociones de los demás y a conmoverme con ellas. En cierta forma es mi trabajo.

¿Puede un presidente del gobierno pedir tiempo para reflexionar? Sí, de hecho, así lo hizo. ¿No había precedentes? Mejor, el gesto es moderno y vanguardista. ¿Por qué 5 días y no 4, o 3, o 6? Por sentido común. La semana empieza en lunes, y quién no ha dicho alguna vez “el próximo lunes te contesto”. Los lunes, como el Año Nuevo, o los cumpleaños son siempre una oportunidad para volver a empezar.

Que yo sepa pedir tiempo para aclararse es algo que han hecho todos nuestros novios a lo largo de la historia, sobre todo cuando nos ponemos intensas y, bien es sabido, que todos los psicólogos nos han enseñado que ese tiempo hay que respetarlo y aprovecharlo para una reflexión personal sobre la situación compartida. Pues bien, si un novio, un presidente del gobierno, o alguien importante te pide tiempo ya sabes que está prescrito que hay una reflexión que hacer, la suya y la tuya. Sin más. Lo normal es que ese paréntesis te ponga de los nervios porque pedir tiempo es poner en riesgo lo que está pasando, lo que está ocurriendo. A veces es solo una llamada de atención. ¿Y qué? ¿Qué hay de malo en llamar la atención? Hay que llamar la atención, sobre todo si la situación lo merece. Durante cinco días han aparecido adivinos, detractores, prudentes, hipótesis que ocupaban horas de televisión preguntándose el por qué, el cómo, el cuándo, con una especie de ansiedad colectiva semejante a la novia interpelada por un “necesito tiempo” cuando menos se lo espera. A mí, lo que más me interesa de semejante guirigay es la posible reflexión que el gesto del presidente conlleva. Alguien tenía que desnaturalizar el curso de lo que está sucediendo. Alguien tenía que decir que algunas cosas no son normales, y alguien tenía que poner en riesgo el status quo de una situación que ha desgastado la palabra polarización y la ha vaciado de contenido, y todo eso es labor de un líder.

Te invito a un té, te perdono las manos, me tomo 5 días para reflexionar… Gestos que lo cambian todo.

El 1 de mayo de 2020 se publicó la primera entrada de este blog. Era un gesto que algún día explicaré. De momento hoy he vuelto para celebrarlo.

Hasta pronto.

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